El diseño responsable sí importa

Sin importar el nivel de impacto en la sociedad, la rama en la que ejercemos o el tipo de productos que generamos.

Puede parecer difícil definir qué es el diseño responsable tomando en cuenta la cantidad de conceptos con los que podría estar relacionado y con las variantes de diseño existentes. 

Hoy en día el panorama en torno al diseño ha crecido y las formas de ejercerlo también; sin embargo el diseño es como la medicina, existe un tronco común entre todas las vertientes donde se encuentran los fundamentos y uno de estos en cuanto a profesionalidad y ética debería ser el diseño responsable.

Dos palabras que surgen con frecuencia cuando estamos hablando de diseño responsable son social y ecológico, pero probablemente la definición de este concepto sea ambigua si lo dejamos englobado alrededor de ellas.

Cada diseñador en el mundo, o la mayoría de ellos, conoce la esencia de este término y corre a través de sus venas, puede que algunos no lo sepan o no lo tengan claro dentro de su lado consciente, pero está relacionado directamente con nuestro trabajo del día a día, con actividades tan fundamentales como evaluar el contexto, propuestas para nuestros usuarios, pensar en la vida del producto, ser incluyente, que solucione alguna problemática relacionada con nuestras necesidades como seres humanos, entre muchas otras. Pero ejercer el diseño responsable va más allá.

Antes de adentrarnos en el tema, es relevante entender qué es responsabilidad y tal vez la primera idea que nos venga a la mente es que es un valor relacionado con la voluntad de finalizar o cumplir con lo prometido. 

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¿Qué nos dice la Real Academia Española? Menciona que la responsabilidad es una obligación moral que resulta para alguien entorno a un asunto determinado, define que es el compromiso de reparar a consecuencia de algo. Y en esta última frase surge una palabra clave que debería estar presente dentro de la idea de diseño responsable.

Consecuencias. La frase “Asume las consecuencias” puede sonar ruda, pero implica tomar responsabilidad de nuestros actos y decisiones y, en realidad, esto es lo que debería venir a nuestra mente cuando hablamos de diseño responsable, y no hacer referencia sólo a tomar acciones si algo sale mal. Tiene que ver con pensar si lo que estamos haciendo tiene un beneficio o es algo que ayudará a facilitar la vida de nuestros usuarios, pensar cuáles son las posibles consecuencias a corto y largo plazo.

Al final de cuentas, en el día a día, no podemos tener una visión total del futuro con respecto a cómo funcionará o cuáles serán las reacciones de las personas en torno a nuestros productos, y esto desemboca en hacernos responsables en los cambios que deberán hacerse para que estos tengan un impacto positivo o corregir las deficiencias del mismo.

Diseñar responsablemente significa que debemos desempeñar un papel activo en el cuidado de nuestro bienestar. Los espacios en los cuales nos desarrollamos tienen la característica de poder ser el principal filtro para decidir qué estamos dispuestos a hacer para cumplir con los requerimientos de nuestros clientes y que no. Si respondemos que no, es importante es presentar soluciones, información, análisis y ser fieles a nuestra formación y creencias.

El diseño responsable lo podemos ejercer cada día; sin embargo, es una realidad que la experiencia te dará las herramientas y el aprendizaje para lidiar con situaciones que podrían presentarse en el futuro y que es necesario en la mayoría de los casos ser proactivo y desarrollar las habilidades necesarias para presentar tus ideas y sugerencias a tu equipo y a tu cliente.

Redactora: Mónica Lobato

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